Imagen generada con IA
La semana pasada fue finalmente publicado el esperado Anexo 3, un documento que vuelve a poner en el debate los plazos, las especificaciones técnicas y las obligaciones regulatorias asociadas al Sistema de Finanzas Abiertas (SFA).
Aunque la discusión podría abarcar implicaciones más amplias, es natural que el foco esté puesto en el cumplimiento considerando que cuando una industria enfrenta una transformación de esta magnitud, la conversación suele comenzar por ahí.
Sin embargo, para el mundo asegurador chileno, los plazos definidos por el regulador representan mucho más que un tiempo para prepararse técnicamente. También constituyen una oportunidad para reflexionar sobre cómo cambiarán sus modelos de negocio, qué nuevas propuestas de valor deberán construir y cómo aprovecharán el acceso a datos que antes simplemente no estaban disponibles.
Porque una vez que el SFA esté en funcionamiento, la ventaja competitiva ya no estará en quién tiene acceso a la información, sino en quién es capaz de utilizarla para construir mejores experiencias, productos y servicios.
Eso es precisamente lo que ya ocurre en los mercados donde el Open Finance y el Open Insurance operan a escala. Las aseguradoras pasaron hace tiempo por la etapa del cumplimiento regulatorio y hoy utilizan esa misma infraestructura para resolver problemas concretos de sus clientes, mejorar procesos críticos y abrir nuevas oportunidades de negocio.
Mientras en Chile estamos inmersos en plena fase de construcción, vale la pena detenerse a observar qué está ocurriendo en otros ecosistemas. No necesariamente para replicar modelos extranjeros, sino para entender dónde comienza a generarse valor cuando la carretera ya está pavimentada y lista para transitar. En otras palabras, para comprender qué posibilidades se abren una vez superada la etapa del compliance.
En Brasil, un cliente de Bradesco Seguros puede ingresar a la funcionalidad Minhas Proteções y visualizar sus productos de protección en un solo lugar. A primera vista puede parecer una mejora menor, pero detrás de ella existe un cambio más profundo.
Durante décadas, cada aseguradora podía mostrar únicamente los productos contratados con ella. La relación con el cliente estaba limitada por las fronteras de su propia cartera.
Con Open Insurance, esa barrera comienza a desaparecer, permitiendo a los usuarios autorizar el intercambio de información entre instituciones y consolidar pólizas, coberturas y otros productos, entregándoles una visión más completa de su situación de protección.
Es el mismo fenómeno que ya se vio en la industria bancaria cuando aparecieron aplicaciones capaces de integrar cuentas de distintas instituciones en un solo lugar, gracias al Open Banking.
Más que una nueva funcionalidad, es una nueva forma de competir.
Antes de avanzar hacia aplicaciones más sofisticadas, la mayoría de las implementaciones comienza resolviendo problemas más cotidianos.
Un ejemplo es Wysh en Estados Unidos, una solución que utiliza conectores de Open Banking para simplificar la contratación y activación de pagos recurrentes. En lugar de obligar al cliente a completar formularios, ingresar manualmente datos bancarios o enfrentar errores en la configuración de débitos automáticos, el usuario autoriza una conexión segura y la información necesaria fluye de forma inmediata.
La misma lógica está transformando otro momento crítico del ciclo asegurador: el pago de siniestros. Al validar cuentas bancarias en tiempo real y con consentimiento explícito, las compañías reducen errores operativos, mitigan intentos de fraude y aceleran indemnizaciones que históricamente dependían de procesos manuales y verificaciones posteriores.
Cuando la información ya existe y puede compartirse de forma segura, volver a solicitarla solo agrega fricción.
El impacto se vuelve aún más estratégico en los procesos de evaluación y suscripción.
Durante años, la industria se ha basado en documentos estáticos, balances históricos y cuestionarios declarativos. Herramientas útiles, pero limitadas para comprender una realidad financiera que cambia constantemente.
Empresas como Jet Surety están utilizando Open Banking para complementar la evaluación de riesgo con información actualizada de pequeñas empresas que solicitan garantías comerciales. Flujos de caja, movimientos bancarios y comportamiento financiero permiten construir una visión mucho más cercana a la realidad que la que puede entregar un documento emitido meses atrás.
El beneficio no es únicamente la velocidad. Contar con información más actualizada también permite tomar mejores decisiones, ya que puede revelar señales de estabilidad, crecimiento o deterioro que simplemente no aparecen en una fotografía financiera tomada hace un año.
Los mismos datos pueden utilizarse para entender mejor las necesidades de protección de cada usuario.
En Reino Unido, Certua utiliza Open Banking para complementar información de sus clientes y generar recomendaciones más alineadas con la realidad particular de cada persona.
Ingresos, gastos y patrones de comportamiento permiten construir una visión más completa de las necesidades de cobertura, reduciendo la dependencia de cuestionarios y segmentaciones generales.
Cuando se observan estos casos en conjunto, aparece un patrón.
Las primeras aplicaciones suelen enfocarse en eliminar fricciones cotidianas: menos formularios, menos validaciones manuales y procesos más rápidos.
Luego surgen capacidades que eran complejas de desarrollar: evaluaciones de riesgo más dinámicas, recomendaciones más precisas y decisiones basadas en información en tiempo real.
A medida que estas soluciones maduran, la atención comienza a desplazarse hacia el cliente. Surgen modelos donde las personas no solo pueden entender mejor su situación financiera y aseguradora, sino también comparar alternativas y gestionar sus productos desde una misma plataforma.
Se trata de una evolución gradual que traslada el énfasis desde los procesos internos de las empresas hacia el valor entregado al usuario.
Si bien la situación actual en Chile está centrada en las responsabilidades y plazos regulatorios, la experiencia internacional demuestra que, una vez que los datos empiezan a fluir con el consentimiento de las personas, el foco comienza a moverse hacia procesos que pueden simplificarse y los nuevos servicios que pueden construirse a partir de ellos.
La competencia estará en quién logre convertirse en el punto de encuentro donde las personas administren su vida financiera y de protección.
Por eso, la pregunta más relevante que las aseguradoras deben responderse, es qué lugar quieren ocupar cuando sus clientes puedan gestionar sus datos y coberturas con mayor libertad, pudiendo trasladarlos entre instituciones con la misma facilidad con que hoy cambian de aplicación.